La Catedral Basílica de Arequipa es el edificio que más tiempo lleva mirando la Plaza de Armas desde el mismo punto. Está en el lado norte de la plaza desde 1540, el año de la fundación de la ciudad, y aunque lo que se ve hoy no es el mismo edificio de ese primer año sino el resultado de siglos de reconstrucciones después de terremotos e incendios, la posición no ha cambiado nunca. Esa permanencia en el mismo lugar durante casi cinco siglos hace de la Catedral algo más que un edificio religioso: es el punto fijo alrededor del cual Arequipa fue construyendo su identidad urbana.
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Historia: de 1540 al terremoto de 2001
La primera construcción en ese punto data del mismo año de la fundación de la ciudad, cuando los colonizadores reservaron el lado norte de la Plaza de Armas para el principal templo católico según la tradición urbanística colonial. Esa primera iglesia era modesta y fue ampliada y reconstruida sucesivamente a lo largo del siglo XVI. La versión más ambiciosa empezó a construirse en 1621 y no se completó hasta 1656, cuando la catedral fue consagrada formalmente como sede del obispado de Arequipa.
Lo que siguió fue una historia de destrucción y reconstrucción que se repitió con una regularidad que habla más de la actividad sísmica de la región que de la fragilidad del edificio. Los terremotos de 1583, 1590, 1600, 1604 y 1666 causaron daños sucesivos que fueron reparados en cada caso. En 1844 un incendio destruyó gran parte de la catedral y obligó a una reconstrucción integral a cargo del arquitecto Lucas Poblete que le dio el aspecto neorrenacentista que define su fachada actual. En 1868 otro terremoto causó daños graves. En 1985 el Papa Juan Pablo II visitó la catedral, que en ese momento seguía siendo uno de los grandes monumentos religiosos del Perú andino. En 2001 el terremoto más reciente derrumbó completamente una de las dos torres de la fachada, que fue reconstruida y reinaugurada en 2002.
Esa historia no es una sucesión de calamidades sino la historia de una ciudad que decidió reconstruir el mismo edificio en el mismo lugar cada vez que la tierra lo derribó. Esa decisión repetida durante cuatro siglos dice algo sobre Arequipa que ninguna descripción arquitectónica puede transmitir de la misma forma.

La fachada: setenta columnas de sillar
La fachada de la Catedral ocupa todo el frente norte de la Plaza de Armas con una horizontalidad que ningún otro edificio del entorno tiene. Setenta columnas con capiteles corintios se distribuyen a lo largo del frente dividido en tres portadas y dos arcos laterales. En los extremos las dos torres renacentistas dan verticalidad al conjunto sin romper el equilibrio de la composición horizontal.
El material es sillar blanco extraído de las canteras del valle del río Chili y de las faldas de los volcanes que rodean Arequipa. Bajo el sol de mediodía esa piedra refleja la luz con una intensidad que hace las fotografías difíciles de exponer correctamente. Al amanecer y al atardecer, cuando la luz rasante golpea las columnas desde los lados, el relieve de los capiteles y las molduras se enfatiza con sombras que la luz cenital del mediodía aplana.
Una de las torres tiene un reloj inglés instalado durante el episcopado de Goyeneche en 1842, cuya presencia en una fachada colonial arequipeña resulta un anacronismo que los arequipeños han acabado por incorporar al paisaje sin mayor conflicto.

El interior: tres naves y un órgano belga
El interior de la Catedral tiene tres naves separadas por pilares de sillar con las esculturas de los doce apóstoles adosadas. La nave central es considerablemente más ancha que las laterales y está cubierta con bóveda de pañuelo dividida por arcos fajones. El altar mayor es de mármol de Carrara traído desde Italia y tiene un púlpito neogótico tallado en madera de encina que fue elaborado en Francia en el siglo XIX.
El elemento más impresionante del interior es el órgano. Fabricado en Bélgica por la casa Loret e instalado en el siglo XIX, tiene 12 metros de altura, 1.206 tubos y es el segundo órgano más grande de América del Sur. Su presencia en la nave central domina visualmente el espacio desde cualquier punto del interior. Los sábados hay interpretaciones del órgano que permiten escucharlo en funcionamiento, una experiencia que combina el espacio acústico de las bóvedas de sillar con la escala del instrumento de forma que ninguna grabación puede reproducir.
Las vidrieras de colores filtran la luz exterior y proyectan sobre el sillar interior una variación de tonos que cambia a lo largo del día. La calidad de la luz dentro de la Catedral de Arequipa, combinación del sillar claro y la luz filtrada por las vidrieras, es uno de sus atractivos menos mencionados y más efectivos para quien entra sin prisa y deja que los ojos se ajusten.

El Museo Catedralicio
El museo está dentro del edificio de la Catedral con acceso por el portal lateral de la Calle Santa Catalina. Fue creado en 2010 en el marco de las celebraciones por los 400 años de la Diócesis de Arequipa y tiene cuatro salas que recorren distintos aspectos del patrimonio acumulado por la Catedral a lo largo de su historia.
Las dos salas de Tesoros de la Catedral tienen las piezas más valiosas de la colección: coronas, custodias y objetos litúrgicos de orfebrería de plata y oro de los siglos XVII al XIX. La pieza más conocida es La Moratilla, una custodia de más de un metro y medio de altura elaborada por el platero español Francisco de Moratilla que guarda la hostia consagrada de la Solemnidad del Corpus Christi. Tiene incrustaciones de piedras preciosas y un trabajo de filigrana que la hace uno de los objetos de orfebrería religiosa más elaborados del Perú colonial.
Entre las reliquias más singulares del museo está la vestimenta hecha con filamentos de plata y oro del monseñor Sebastián Goyeneche, arzobispo de Arequipa en 1818, que además de su valor como objeto litúrgico tiene interés histórico como referencia del nivel de producción artesanal que existía en Arequipa durante el período de la Independencia. También se conserva la partida de matrimonio del coronel Francisco Bolognesi, héroe de la Guerra del Pacífico, fechada en el siglo XVIII.
La sala de Ornamentos y Paños tiene casullas, estolas y ornamentos bordados con hilos de oro y plata que ilustran la tradición textil del arte sacro colonial. La sala de Pinturas Religiosas tiene lienzos de la Escuela Cusqueña y pinturas del artista arequipeño Francisco Laso, del siglo XIX, que son las de mayor valor para la historia del arte peruano dentro de la colección.
La entrada al museo incluye el acceso a la torre norte desde la que hay vistas sobre la Plaza de Armas, el centro histórico y los tres volcanes que rodean la ciudad. La subida tiene escaleras estrechas que requieren movilidad sin dificultades pero la perspectiva desde arriba justifica el esfuerzo para quien tiene condición suficiente.

Horarios y precios
La visita a la Catedral como espacio de culto es gratuita. El horario de acceso turístico es de lunes a sábado de 7 a 10 de la mañana y de 5 a 7:30 de la tarde. Los domingos de 7 de la mañana a 1 del mediodía y por la tarde de 5 a 7. Durante la celebración de misas el acceso turístico está restringido, por lo que conviene llegar en los primeros minutos del horario para garantizar el recorrido completo sin interrupciones.
El Museo Catedralicio abre de lunes a sábado de 10 de la mañana a 4 de la tarde. Los domingos permanece cerrado. La entrada al museo cuesta 10 soles para adultos y 5 soles para estudiantes con carné vigente. El acceso a la torre está incluido en la entrada al museo. El servicio de guía turístico tiene un costo adicional de aproximadamente 5 soles y la visita completa con guía dura entre 40 y 45 minutos.
Cuánto tiempo dedicarle y cómo combinarla
La visita solo al interior de la Catedral toma entre 20 y 30 minutos a ritmo tranquilo. Con el museo y la subida a la torre el tiempo total es de entre una hora y hora y media. La Catedral está en la Plaza de Armas y desde allí la Iglesia de la Compañía de Jesús está a menos de dos minutos caminando y el Monasterio de Santa Catalina a cinco. Esos tres espacios combinados en una misma mañana cubren lo más importante del centro histórico de Arequipa sin necesidad de ningún transporte.
La mejor hora para la fotografía de la fachada es entre las 7 y las 9 de la mañana cuando la luz entra desde el este y las columnas tienen sombra lateral. Para la fotografía interior la luz del mediodía que entra por las vidrieras produce los efectos de color más intensos sobre el sillar.
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