Arequipa tiene varios puntos desde donde se puede ver el volcán Misti pero ninguno tiene la composición del Mirador de Yanahuara. Desde ahí el cono perfecto del Misti aparece encuadrado entre los arcos de sillar del mirador con la ciudad blanca extendiéndose al fondo y el Chachani y el Pichu Pichu flanqueando el paisaje a derecha e izquierda. Es una vista que no requiere esfuerzo, no cuesta nada y no tiene horario de cierre. Esas tres condiciones juntas la convierten en una de las experiencias más accesibles y más fotogénicas que ofrece cualquier ciudad del sur del Perú.
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El barrio: historia antes del mirador
Yanahuara es anterior a Arequipa. Mucho antes de que Garci Manuel de Carbajal trazara la ciudad en 1540, el lado occidental del río Chili estaba habitado por los ayllus de los indios Yanahuaras, pastores de llamas y alpacas que los cronistas españoles mencionan en los primeros documentos sobre la región. El nombre del barrio viene del quechua y traduce literalmente como calzón negro, en referencia al nombre de la etnia que lo habitaba.
Con la llegada de los españoles el poblado fue incorporado como reducción de indios y recibió el nombre de San Juan Bautista de la Chimba, donde Chimba significa en quechua la otra orilla del río, que es exactamente lo que era: el poblado al otro lado del Chili respecto a la ciudad española. Con el tiempo el nombre se simplificó a Yanahuara y el barrio creció como zona agrícola y abastecedora de la ciudad colonial con maíz, productos lácteos y trabajo textil. A partir del siglo XVII las familias criollas y mestizas construyeron casonas de sillar en sus calles y le dieron el carácter residencial que conserva hasta hoy.
En 1870 Yanahuara fue declarada Villa. Ese mismo año se construyeron los arcos del mirador durante un proceso de embellecimiento del barrio que buscaba dotar a la plaza principal de un elemento que combinara la función de mirador con la de monumento cultural. El resultado fueron los arcos de sillar que hoy definen visualmente el lugar.
Los arcos: sillar y versos de piedra
El mirador está compuesto por diez arcos de sillar blanco construidos por maestros canteros arequipeños con la misma piedra volcánica que define toda la arquitectura de la ciudad. Los arcos tienen dimensiones generosas que permiten ver la panorámica completa enmarcada desde distintos puntos del paseo sin que ningún elemento obstaculice la vista.
Lo que distingue a estos arcos de cualquier otra estructura de sillar de Arequipa es lo que está grabado en ellos. En la superficie de cada arco hay inscripciones con fragmentos de poemas y pensamientos de escritores e intelectuales arequipeños. Leerlos completos requiere recorrer el mirador con calma y detenerse en cada arco, algo que la mayoría de los visitantes no hace porque la vista al frente demanda toda la atención. Quien se toma el tiempo de leer los textos grabados en la piedra descubre que el mirador fue concebido no solo como punto de observación sino como un espacio de memoria cultural donde la ciudad se cita a sí misma en palabras de sus propios escritores.
Algunos de los fragmentos grabados hablan del paisaje, otros de la identidad arequipeña, otros del tiempo y de la vida cotidiana en una ciudad que ha vivido volcanes, terremotos y revoluciones sin perder su carácter. La combinación de esos textos con la vista del Misti al fondo produce un efecto que en cualquier otro formato, sin la piedra y sin el volcán, no existiría.

La vista: los tres volcanes y la ciudad
Desde el borde del mirador la vista cubre el casco urbano de Arequipa con sus tejados rojizos y sus edificios de sillar, la Catedral y el Monasterio de Santa Catalina reconocibles desde la altura, y en el horizonte los tres volcanes que definen la geografía de la región. El Misti a 5.822 metros es el más cercano visualmente y el que aparece más nítido, con su cono casi perfecto que en los días despejados entre mayo y septiembre se ve sin ninguna nube que lo interrumpa. El Chachani a 6.057 metros está al noroeste con una silueta más irregular. El Pichu Pichu a 5.664 metros está al sureste y es el menos prominente de los tres pero completa el marco volcánico que rodea la ciudad.
La calidad de la vista depende mucho de la hora y de la temporada. En los meses de lluvia entre diciembre y marzo las nubes de la tarde cubren con frecuencia las cumbres y la vista del Misti puede quedar parcialmente obstruida. En temporada seca entre mayo y septiembre los días despejados permiten ver los tres volcanes con una nitidez que en temporada de lluvias no existe. La mejor hora para fotografía es entre las 6 y las 9 de la mañana, cuando el sol ilumina el Misti desde el este con un ángulo que enfatiza el relieve del cono y antes de que la luz del mediodía lo aplane todo. Al atardecer la luz cálida sobre el sillar de los arcos y el cielo que cambia de color detrás del Chachani producen el ambiente más visual del día aunque la nítidez del Misti puede ser menor.

La Iglesia de San Juan Bautista
Al lado del mirador, en la plaza principal del barrio, la Iglesia de San Juan Bautista es uno de los templos coloniales más valorados de Arequipa. Su construcción concluyó en 1750 y su fachada barroca mestiza en sillar tiene ornamentación con ángeles, motivos florales y representaciones de santos que la ubican dentro de la mejor tradición del arte religioso arequipeño.
El interior es más sobrio que la fachada pero conserva retablos coloniales y pinturas de la escuela cusqueña que completan la visita al conjunto arquitectónico de la plaza. La iglesia sigue siendo un espacio de culto activo y es el lugar preferido por los arequipeños de Yanahuara para celebraciones de bodas y bautizos, lo que le da un carácter de vida comunitaria que los grandes templos del centro histórico han ido perdiendo con el tiempo.

El barrio: caminar por Yanahuara
El mirador y la iglesia son los dos puntos más visitados pero el barrio que los rodea merece ser recorrido con más calma. Las calles estrechas y empedradas de Yanahuara tradicional tienen casonas de sillar con sus huertas interiores, portadas de piedra labrada y una escala humana que el centro histórico de Arequipa perdió con el tráfico y el comercio. Yanahuara conserva la tranquilidad de un barrio residencial donde los vecinos conocen a sus vecinos y donde la vida cotidiana todavía ocurre en la calle y en las plazas pequeñas.
El barrio tiene más de 40 edificaciones históricas y 18 conjuntos urbanos de valor monumental, la mayoría de estilo neoclásico y neorrenacentista del siglo XIX y principios del XX. Algunas de sus calles laterales tienen la misma arquitectura doméstica de sillar que caracteriza el conjunto pero sin los turistas que en las horas pico llenan el mirador y la plaza principal.
Las picanterías: por qué se almuerza en Yanahuara
Yanahuara es uno de los mejores barrios de Arequipa para comer. Sus picanterías son locales con historia propia donde se sirven los platos más representativos de la cocina arequipeña: rocoto relleno, chupe de camarones con los camarones del río Majes, soltero de queso, zarza de patitas, chicharrón de chancho y adobo de cerdo. La combinación del recorrido por el mirador y la iglesia con el almuerzo en una picantería del barrio es el plan más arequipeño que puede hacer un visitante en la ciudad y el que más se repite entre quienes conocen Arequipa más allá del circuito del centro histórico.
El queso helado, el postre más singular de Arequipa, se encuentra en los puestos de la plaza y en las tiendas del barrio. Es una preparación de queso fresco local con un perfil de sabor entre salado y dulce que no se parece a ningún otro postre del Perú y que en Yanahuara se puede probar en su contexto más auténtico.

Cómo llegar y datos prácticos
El mirador está a unos dos kilómetros del centro histórico de Arequipa. Desde la Plaza de Armas el camino a pie cruza el río Chili por el Puente Grau, sigue por la Cuesta del Ángel y llega al barrio de Yanahuara en entre 20 y 30 minutos. El recorrido caminando es recomendable porque el camino por las calles del barrio es parte de la experiencia. En taxi desde cualquier punto del centro histórico el trayecto toma entre 10 y 15 minutos y cuesta entre 7 y 12 soles.
El mirador abre todos los días a cualquier hora porque es un espacio público sin horario de cierre ni costo de entrada. La plaza tiene vigilancia policial durante el día. La visita al mirador, la iglesia y un recorrido por las calles del barrio toma entre 45 minutos y una hora y media dependiendo del ritmo. Si se añade el almuerzo en una picantería el tiempo total puede extenderse a media jornada fácilmente.