El 24 de julio de 1911 un académico norteamericano llamado Hiram Bingham III llegó a una cresta de la montaña en la región de Cusco guiado por un agricultor local llamado Melchor Arteaga, que a cambio de algunas monedas accedió a mostrarle unas ruinas que él y los campesinos de la zona conocían desde siempre. Lo que Bingham encontró esa mañana cambió su vida, generó una de las controversias arqueológicas más largas de la historia de América del Sur y convirtió a Machu Picchu en el sitio arqueológico más famoso del mundo. Pero la historia de ese descubrimiento es bastante más compleja que la versión simplificada que circula en los libros de texto.
Contents
- Quién era Hiram Bingham
- El contexto del viaje de 1911
- El 24 de julio de 1911
- El debate sobre el descubrimiento
- Las expediciones de 1912 y 1915
- La controversia de las piezas de Yale
- El libro que llevó Machu Picchu al mundo
- El legado de Bingham: luces y sombras
- Peru Sites cuenta la historia completa en cada visita
Quién era Hiram Bingham
Hiram Bingham III nació en 1875 en Honolulú, Hawái, en el seno de una familia de misioneros protestantes. Estudió historia y geografía en las universidades de Yale, Berkeley y Harvard y se especializó en la historia colonial de América del Sur. Era un académico con ambiciones de explorador, fascinado por las rutas que los conquistadores españoles habían recorrido durante la colonia y en particular por la historia del último refugio del Imperio Inca, la ciudad rebelde de Vilcabamba donde los incas resistieron durante décadas después de la conquista.
Bingham no era arqueólogo de formación. Era historiador y geógrafo. Eso explica en parte cómo se aproximó al sitio cuando lo encontró: con ojos de explorador y narrador más que de científico. Su primer interés en el viaje de 1911 no era encontrar Machu Picchu sino localizar Vilcabamba, la última capital inca, y había llegado al Perú con ese objetivo específico.

El contexto del viaje de 1911
Bingham llegó al Perú en julio de 1911 encabezando una expedición financiada por la Universidad de Yale y por la National Geographic Society. Era su segunda visita al Perú: había estado antes en 1909 siguiendo rutas históricas coloniales y había escuchado menciones de ruinas en la zona del Valle Urubamba.
En esa época el Valle del Urubamba era una región remota con escasa presencia del Estado peruano. Había algunas haciendas y comunidades campesinas dispersas y un camino rudimentario que seguía el curso del río. Los agricultores locales conocían la existencia de ruinas en distintos puntos de las laderas de la montaña porque las usaban como terreno de cultivo: las terrazas agrícolas incas eran tierras fértiles que los campesinos seguían aprovechando siglos después de que la ciudadela había sido abandonada.
El 24 de julio de 1911
Bingham estaba acampado junto al río Urubamba cuando Melchor Arteaga, el propietario de una pequeña hacienda local, le mencionó la existencia de ruinas en lo alto de la montaña llamada Machu Picchu. Bingham pagó a Arteaga la suma equivalente a un sol peruano para que lo guiara hasta ellas.
El ascenso fue difícil. La ladera estaba cubierta de vegetación densa y la pendiente era pronunciada. Cuando llegaron a la parte superior encontraron una familia campesina, la familia Recharte, que había establecido su huerta entre las ruinas y llevaba viviendo allí varios años. Fueron los niños de esa familia quienes acompañaron a Bingham por los primeros recintos mientras los adultos seguían con sus tareas.
Lo que Bingham encontró ese día fue una ciudadela cubierta de vegetación pero notablemente bien conservada. Los muros de piedra estaban en pie, las terrazas agrícolas todavía eran reconocibles y la calidad del trabajo de mampostería era evidente incluso bajo el musgo y las plantas que habían crecido sobre la piedra durante siglos. Bingham tomó fotografías, hizo anotaciones y regresó al campamento convencido de que había encontrado algo extraordinario, aunque en ese momento no estaba seguro exactamente de qué.

El debate sobre el descubrimiento
El término descubrimiento que se asocia a Bingham y a 1911 es uno de los más discutidos en la historia de la arqueología americana. Hay varios aspectos de ese relato que merecen ser precisados.
Primero, la familia Recharte y Melchor Arteaga sabían de la existencia del sitio antes de que Bingham llegara. Los campesinos de la zona conocían las ruinas y las usaban. No eran un secreto local sino una realidad cotidiana para quienes habitaban esa parte del Valle Urubamba.
Segundo, hay indicios de que al menos otro explorador europeo visitó el sitio antes que Bingham. El ingeniero alemán August Berns había recorrido la zona en la década de 1860 y existe evidencia documental de que tenía conocimiento de ruinas en esa área, aunque no las documentó ni las dio a conocer al mundo académico.
Tercero, el historiador peruano Simón Bolívar Custodio y otras personas dejaron inscripciones en los muros del sitio antes de 1911, lo que confirma que el lugar era visitado ocasionalmente antes de la llegada de Bingham.
Lo que sí hizo Bingham de forma única fue llevar el sitio al conocimiento académico y público internacional. Sus fotografías, publicadas por primera vez en la revista National Geographic en abril de 1913 en un número completo dedicado a Machu Picchu, fueron las primeras imágenes del sitio que llegaron a una audiencia masiva fuera del Perú. Esas fotografías son las que convirtieron a Machu Picchu en un destino de interés mundial.

Las expediciones de 1912 y 1915
Bingham regresó al sitio en 1912 y en 1915 encabezando expediciones más organizadas y con mayor financiamiento de Yale y National Geographic. En esos dos retornos se realizaron excavaciones más sistemáticas, se documentaron los principales recintos y se extrajeron miles de piezas: huesos humanos, cerámica, herramientas de bronce, textiles y objetos rituales. Todo ese material fue enviado a los Estados Unidos y depositado en los almacenes del Peabody Museum de la Universidad de Yale.
La extracción de esas piezas fue acordada con el gobierno peruano de la época bajo el entendido de que se trataba de un préstamo temporal para estudio. El material nunca fue devuelto durante décadas y esa situación dio origen a una de las controversias de repatriación de patrimonio más largas de América Latina.
La controversia de las piezas de Yale
Durante casi un siglo el gobierno peruano reclamó la devolución de los objetos extraídos por Bingham y depositados en Yale. La universidad respondió durante décadas argumentando distintas interpretaciones del acuerdo original de 1912, que estaba redactado de forma ambigua sobre las condiciones del préstamo.
La resolución llegó finalmente entre 2010 y 2012 cuando Yale y el gobierno peruano alcanzaron un acuerdo que estableció la devolución gradual del material arqueológico. Las piezas fueron repatriadas y hoy forman parte de la colección del Ministerio de Cultura del Perú, exhibidas en museos de Cusco incluyendo el Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón en el kilómetro 112 de la carretera Hiram Bingham, que lleva ese nombre precisamente en honor al explorador.

El libro que llevó Machu Picchu al mundo
La publicación más influyente de Bingham fue el libro La ciudad perdida de los incas, publicado en inglés en 1948, casi cuatro décadas después del viaje de 1911. En ese libro Bingham narró su expedición con el estilo de un relato de aventuras y presentó a Machu Picchu como Vilcabamba, la última capital inca, una identificación que los arqueólogos posteriores refutaron. Se ha establecido desde entonces que Vilcabamba está en otro lugar, en las selvas de la provincia de La Convención, y que Machu Picchu era una construcción diferente vinculada directamente con el reinado de Pachacútec.
A pesar de ese error de identificación el libro de Bingham fue el que instaló la imagen de Machu Picchu en el imaginario mundial como la ciudad perdida de los incas, una etiqueta que sigue siendo usada hoy aunque técnicamente sea inexacta: la ciudad no estaba perdida para los pobladores locales y no era una capital sino una residencia real.
El legado de Bingham: luces y sombras
Hiram Bingham murió en 1956. Su legado es contradictorio y esa contradicción es parte de la historia completa del sitio. Por un lado fue quien documentó Machu Picchu con rigor fotográfico y académico suficiente para que el mundo externo tomara conciencia de su existencia y de su importancia. Sin ese trabajo de documentación y difusión el proceso de protección, declaración como Patrimonio de la Humanidad y desarrollo turístico que convirtió al sitio en el destino más visitado de América del Sur no habría ocurrido de la misma forma ni en el mismo tiempo.
Por otro lado su trabajo implicó la extracción de material arqueológico que tardó un siglo en ser repatriado, el uso de la imagen de Machu Picchu para construir una narrativa de descubrimiento que invisibilizó el conocimiento local previo, y una serie de errores de interpretación histórica que tardaron décadas en ser corregidos por la arqueología peruana.
Esa ambigüedad es hoy reconocida tanto en el Perú como en el mundo académico internacional. La carretera que sube desde Aguas Calientes hasta la puerta del sitio lleva su nombre. El museo al pie de la montaña también. Bingham es parte de la historia de Machu Picchu, aunque no sea el único protagonista de esa historia ni el más antiguo.
Peru Sites cuenta la historia completa en cada visita
En Peru Sites coordinamos guías oficiales bilingües que explican la historia del sitio desde la construcción inca hasta el redescubrimiento moderno, incluyendo el contexto de Bingham, las expediciones de Yale y la controversia de las piezas repatriadas. Para una primera visita, conocer esa historia es lo que convierte los muros de piedra en un relato vivo.

