La imagen más reproducida de Machu Picchu la que aparece en las guías de viaje, en los documentales y en las fotografías de la mayoría de los visitantes siempre incluye las terrazas. Son el primer elemento que se ve al llegar al sitio, descienden por la ladera sur en franjas paralelas y tienen una presencia visual tan dominante que resulta fácil tratarlas como un fondo decorativo. Un telón de piedra y hierba detrás del cual están los templos y los palacios que «realmente» importan.
Esa lectura es un error. El sector agrícola de Machu Picchu no es un accesorio del conjunto: es una de sus partes más sofisticadas desde el punto de vista técnico y una de las más importantes para entender cómo funcionaba el sitio como unidad autónoma. Sin las terrazas, sin el sistema de riego que las abastecía y sin los depósitos que almacenaban la producción, la ciudadela no habría podido sostenerse a sí misma.
Contents
- Dónde está el sector agrícola y cómo se organiza
- Las terrazas: arquitectura y función
- El sistema de riego y el agua en la ciudadela
- Qué se cultivaba en Machu Picchu
- Los depósitos o qollqas
- El sector agrícola como regulador climático
- El estado actual del sector agrícola
- Qué observar al recorrer el sector agrícola
Dónde está el sector agrícola y cómo se organiza
El sector agrícola ocupa principalmente la ladera sur de la ciudadela, entre la zona de entrada actual donde está la Casa del Guardián y la Plaza Principal. Es el primer sector que se recorre al ingresar al sitio arqueológico desde la puerta de control, lo que significa que la mayoría de los visitantes lo atraviesa sin detenerse a observarlo en detalle, apurados por llegar a los templos.
El conjunto está formado por dos grupos de terrazas diferenciados. El primero, en el sector más alto de la ladera sur, es un grupo de terrazas más anchas y mejor construidas, asociadas a la zona residencial y ceremonial. El segundo, en la ladera oriental, son terrazas más largas y estrechas orientadas específicamente a la producción agrícola en mayor escala. Esta distinción no es solo arquitectónica: refleja funciones diferentes dentro del sistema productivo del sitio.
Además de las terrazas de la ladera sur, hay terrazas en la ladera este del cerro menos visibles desde los miradores principales y una serie de plataformas en el sector conocido como el área de la montaña que amplían el área cultivable total del sitio de manera significativa.

Las terrazas: arquitectura y función
Cada terraza es una plataforma horizontal sostenida por un muro de contención de piedra. En el sector agrícola de Machu Picchu, esos muros tienen alturas que van desde un metro hasta más de cuatro metros en los tramos donde la pendiente del terreno es más pronunciada. La piedra utilizada no es de la misma calidad que la de los templos no está pulida ni ajustada con la precisión del sillar fino, pero está colocada con suficiente solidez como para haber resistido siglos de lluvias, sismos y vegetación sin colapsar.
El interior de cada terraza no es simplemente tierra compactada. Los arqueólogos que excavaron el sitio incluidos los equipos del Proyecto Arqueológico Machu Picchu liderado por Alfredo Valencia Zegarra en los años noventa encontraron una estratigrafía cuidadosamente diseñada: la base de cada terraza está formada por una capa de piedras grandes que actúa como drenaje, sobre ella hay una capa de grava más fina, y encima de esa grava está la capa de tierra cultivable. Este sistema de capas cumple dos funciones simultáneas: evita que el agua de lluvia se acumule y pudra las raíces, y retiene la humedad suficiente para que los cultivos prosperen en los períodos sin lluvia.
La profundidad del suelo cultivable en las terrazas de Machu Picchu es mayor de lo que cabría esperar en una ladera de montaña de esas características. Parte de esa tierra no es local: fue transportada desde zonas más bajas del valle para enriquecer el sustrato de las plataformas. Este esfuerzo logístico mover tierra ladera arriba en un sitio sin animales de carga capaces de hacerlo da una medida de la seriedad con que los incas abordaron el diseño agrícola del sitio.
El sistema de riego y el agua en la ciudadela
Machu Picchu recibe entre 1.800 y 2.000 milímetros de precipitación anual, concentrados principalmente entre noviembre y marzo. Ese volumen de agua, en una ladera de pendiente pronunciada, puede ser tanto un recurso como una amenaza. El sistema hidráulico del sector agrícola resuelve ese problema de manera elegante.
El agua que abastece la ciudadela proviene de un manantial ubicado en la ladera norte del cerro, a mayor altitud que el sitio arqueológico. Desde ese manantial, un canal de piedra de poco más de 700 metros de longitud conduce el agua hasta el sector urbano, donde se distribuye a través de una serie de dieciséis fuentes escalonadas. Parte de ese caudal llega también a las terrazas agrícolas a través de canales secundarios que regulan el riego de las plataformas.
El drenaje es igualmente importante. El sistema de capas en el interior de cada terraza conduce el exceso de agua hacia el exterior a través de los muros de contención, evitando la saturación del suelo. En la ladera sur, el agua que escurre de las terrazas superiores es recogida y conducida hacia los bordes del sitio sin que cause erosión en los muros inferiores. Este sistema ha funcionado durante más de quinientos años con muy pocas intervenciones de mantenimiento moderno, lo que los ingenieros hidráulicos que lo han estudiado consideran un logro técnico notable.

Qué se cultivaba en Machu Picchu
La altitud de Machu Picchu 2.430 metros sobre el nivel del mar en el sector de las terrazas principales define con bastante precisión qué podía y qué no podía cultivarse allí. Estamos en el límite superior de la zona de producción de maíz en los Andes, lo que hace del sitio un caso interesante: con las condiciones adecuadas de exposición solar y temperatura, el maíz puede prosperar; sin ellas, no.
Los análisis de polen y de restos botánicos realizados en las terrazas han identificado evidencia de maíz, papa, quinua, oca, mashua y distintas variedades de tubérculos andinos. El maíz tenía una importancia especial: era el cultivo de prestigio por excelencia en el mundo inca, asociado a la chicha la bebida fermentada que se consumía en las ceremonias y reservado en su producción a los centros administrativos y rituales más importantes del Tawantinsuyo. Que Machu Picchu produjera maíz indica que era un sitio de primer nivel dentro de la jerarquía inca, no un asentamiento secundario.
Las terrazas orientadas al este las que reciben el sol desde las primeras horas de la mañana habrían sido especialmente adecuadas para el maíz, que requiere exposición solar directa durante varias horas al día. Las terrazas en zonas de menor exposición se dedicarían a cultivos más tolerantes a la sombra y a temperaturas más bajas, como la papa y los tubérculos de altura.
Algunos investigadores han propuesto también que parte de las terrazas podría haber funcionado como jardín botánico o como espacio de experimentación agrícola, donde se probaban variedades de cultivos traídas de distintos pisos ecológicos del Tawantinsuyo. Esta hipótesis está respaldada por la diversidad de microclimas que generan las terrazas distintas altitudes, orientaciones y grados de exposición solar y por la tradición inca de utilizar los centros reales como espacios de innovación agrícola.
Los depósitos o qollqas
La producción agrícola de las terrazas no se consumía de manera inmediata. Una parte se almacenaba en los qollqas, los depósitos distribuidos en distintos puntos del sitio. En Machu Picchu, los qollqas están ubicados principalmente en las zonas más ventiladas del sector agrícola, en posiciones elevadas donde la circulación de aire frío facilita la conservación de los alimentos.
La elección de la ubicación no era arbitraria. Los incas comprendían, de manera empírica, que el frío y la ventilación reducen la humedad y retrasan la descomposición. Los depósitos en altura, expuestos al viento y lejos de las zonas con mayor acumulación de calor, permitían conservar tubérculos, granos deshidratados y charqui durante meses sin que se arruinaran.
La escala de los qollqas en Machu Picchu es relativamente modesta en comparación con los grandes centros de almacenamiento del Tawantinsuyo, como los de Huánuco Pampa o Hatun Xauxa. Esto es coherente con la función del sitio: no era un centro redistributivo de escala regional, sino una residencia real con capacidad de autosustento durante períodos de ocupación extendida.

El sector agrícola como regulador climático
Uno de los hallazgos más interesantes de los estudios modernos sobre el sector agrícola de Machu Picchu es que las terrazas no solo producen alimentos: también modifican el microclima del sitio. Las plataformas de tierra, al absorber calor solar durante el día y liberarlo lentamente durante la noche, elevan la temperatura mínima en las zonas cultivadas entre dos y tres grados centígrados respecto a la temperatura ambiental.
Esa diferencia puede parecer pequeña, pero a 2.400 metros de altitud, donde las heladas nocturnas son frecuentes durante la estación seca, dos grados pueden determinar si un cultivo sobrevive o se pierde. Las terrazas funcionaban como acumuladores de calor que protegían los cultivos de las heladas, extendiendo la temporada productiva más allá de lo que sería posible en el mismo suelo sin esas estructuras.
Este efecto fue documentado por el ingeniero agrónomo Clark Erickson, quien trabajó en la reconstrucción y reactivación de terrazas andinas en el altiplano del lago Titicaca y encontró el mismo fenómeno de regulación térmica en sistemas similares. La conclusión es que los incas no construyeron las terrazas solo para ganar superficie cultivable: las construyeron porque sabían o habían aprendido empíricamente que transformaban las condiciones climáticas del entorno.
El estado actual del sector agrícola
Una parte significativa de las terrazas de Machu Picchu fue restaurada durante el siglo XX, especialmente en los sectores más visibles desde los miradores principales. Esa restauración ha sido objeto de debate entre los arqueólogos: en algunos tramos, los muros de contención fueron reconstruidos con piedras que no son originales y con técnicas que difieren de las incas, lo que complica la lectura arqueológica de esas estructuras.
El Ministerio de Cultura de Perú y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco han llevado a cabo trabajos de relevamiento y documentación del sector agrícola en los últimos años, con el objetivo de distinguir con mayor precisión las partes originales de las restauradas y de evaluar el estado estructural de los muros en los sectores no intervenidos.
Desde 2019, como parte del programa de manejo del sitio, se reintrodujo el cultivo en algunas terrazas del sector agrícola utilizando variedades de plantas andinas. Esta iniciativa tiene un propósito doble: demostrar la viabilidad productiva de las terrazas y contribuir al mantenimiento del suelo en las plataformas que, sin uso agrícola, tienden a compactarse y perder la estructura que las hace funcionales.

Qué observar al recorrer el sector agrícola
La mayoría de los visitantes atraviesa el sector agrícola en los primeros minutos de la visita, con la vista puesta en el mirador principal y en la panorámica de la ciudadela. Vale la pena reducir el paso y prestar atención a algunos detalles:
- La estratigrafía de los muros de contención: en los tramos donde la erosión ha dejado expuesta la base de alguna terraza, es posible ver las capas de piedra, grava y tierra que forman el interior de la plataforma. Ese corte transversal es más revelador que cualquier descripción escrita.
- La variación en la altura de los muros: las terrazas no son uniformes. En los tramos donde la pendiente del cerro es más pronunciada, los muros de contención son notablemente más altos. Observar cómo cambia esa altura a lo largo de la ladera da una idea del trabajo de nivelación que requirió construir superficies horizontales en un terreno tan irregular.
- La Casa del Guardián: ubicada en el punto más alto del sector agrícola, en el borde sur de la ciudadela, ofrece la vista panorámica más reconocible de Machu Picchu. Es también uno de los edificios mejor conservados del sitio, con su techo de paja reconstruido.
- Los canales entre terrazas: en algunos tramos del recorrido son visibles los canales de piedra que conducían el agua de riego de una terraza a la siguiente. Son estructuras pequeñas que pasan fácilmente desapercibidas, pero que forman parte del mismo sistema hidráulico que abastece las fuentes del sector urbano.
Las terrazas de Machu Picchu son la parte del sitio que más directamente conecta con la pregunta de cómo vivía la gente que habitó allí. Los templos y el Intihuatana hablan del poder y del conocimiento de la élite inca; las terrazas hablan de la organización del trabajo, de la relación con la tierra y de la capacidad de construir sistemas que funcionan durante siglos. Son, en ese sentido, igual de elocuentes solo que en un idioma diferente.

