Lima tiene el clima más contraintuitivo de América del Sur. Es una ciudad costera en pleno trópico, a solo 12 grados al sur del ecuador, rodeada de océano por el oeste y de desierto por el este, y sin embargo tiene uno de los cielos más grises y húmedos del continente durante buena parte del año. Los viajeros que llegan en julio o agosto con la expectativa de una capital latinoamericana soleada encuentran en cambio una ciudad cubierta de una capa baja de nubes que puede durar semanas enteras sin romperse. Entender por qué ocurre eso hace el viaje a Lima mucho más llevadero y permite planificarlo mejor.
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La culpable: la Corriente de Humboldt
La causa del clima de Lima es oceanográfica. La Corriente de Humboldt, también llamada Corriente del Perú, es una masa de agua fría que sube desde la Antártida por la costa occidental de Sudamérica hasta llegar a las costas de Ecuador y Perú. El agua que baña las playas de Lima tiene una temperatura que en pleno invierno puede bajar a 14 o 15 grados centígrados, mucho más fría de lo que correspondería a esa latitud tropical.
Cuando el aire cálido que viene del océano Pacífico entra en contacto con esa masa de agua fría, se enfría en las capas bajas y se condensa en niebla y nubes estratificadas que quedan suspendidas a baja altura sobre la costa. Esa capa de nubes, que los limeños llaman garúa, es demasiado baja y delgada para producir lluvia significativa, pero es suficiente para cubrir el cielo durante meses sin despejarse. El resultado es un clima húmedo, gris y sin sol que no se parece a ningún otro clima tropical del mundo.

Los dos períodos del año
Lima tiene dos períodos climáticos bien definidos aunque ninguno de los dos es lo que la mayoría de los viajeros esperaría de una ciudad tropical.
El verano limeño va de diciembre a abril. En esos meses la temperatura sube, el cielo se despeja y Lima recibe sol directo durante semanas o meses. Las temperaturas en Miraflores y el litoral oscilan entre los 20 y los 30 grados centígrados en los días más cálidos de enero y febrero. Las playas de la Costa Verde se llenan de limeños, el malecón de Miraflores tiene el ambiente más activo del año y el atardecer sobre el Pacífico produce los colores más intensos. Es la mejor época para visitar Lima si el objetivo es disfrutar la ciudad con buen tiempo.

El invierno limeño va de mayo a noviembre, con el período más gris concentrado entre junio y septiembre. La garúa cubre el cielo con una capa de nubes bajas que puede mantenerse continua durante semanas. La temperatura baja a un rango de entre 12 y 18 grados centígrados en los meses más fríos de julio y agosto. No hace el frío intenso de las ciudades andinas: no nieva ni hay heladas ni temperaturas bajo cero. Pero la humedad combinada con las bajas temperaturas y la ausencia de sol produce un frío húmedo que se siente en los huesos con más intensidad de lo que sugieren los números del termómetro.

La garúa: lluvia que no moja
La garúa es el fenómeno climático más característico de Lima y uno de los más difíciles de explicar a quien no lo ha vivido. No es lluvia. Es una humedad tan densa en el aire que parece llovizna pero no produce gotas suficientemente grandes para mojar la ropa de forma apreciable. Los limeños caminan bajo la garúa sin paraguas porque técnicamente no llueve, aunque al cabo de una hora en la calle la ropa tiene una humedad acumulada difícil de ignorar.
La garúa tampoco produce los nublados dramáticos de las ciudades lluviosas. El cielo de Lima en invierno no tiene tormentas ni relámpagos ni cumulonimbos oscuros. Tiene una capa de estratos bajos uniformes de color gris claro que cubre todo el horizonte como un techo sin variación. Esa uniformidad es lo que hace el invierno limeño psicológicamente más pesado que el frío de Cusco, que puede ser más intenso numéricamente pero tiene sol y cielo azul.
Por qué no llueve casi nunca en Lima
Lima es técnicamente una de las ciudades con menos precipitaciones del mundo para su tamaño, lo que resulta paradójico dado el aspecto permanentemente húmedo de su clima. La precipitación anual en Lima es de apenas unos 10 a 12 milímetros al año, comparable a los desiertos más áridos del planeta. La cordillera de los Andes actúa como una barrera que impide el paso de las masas de aire húmedo provenientes de la Amazonía hacia la costa, y la corriente fría del Humboldt impide que las nubes que se forman sobre el océano tengan suficiente energía térmica para producir precipitación significativa.
El resultado es un desierto costero paradójico: hay humedad en el aire, hay nubes, hay garúa, pero no hay lluvia. Las plantas del malecón de Miraflores y los jardines del Museo Larco necesitan riego artificial para sobrevivir aunque estén a metros del océano. El desierto de Atacama, que es el más árido del mundo, empieza prácticamente donde termina Lima hacia el sur.
La excepción: El Niño
El ciclo climático de El Niño altera el patrón habitual de Lima de forma drástica. En los años de El Niño fuerte la temperatura del océano sube significativamente porque el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial desplaza o debilita la Corriente de Humboldt. Cuando eso ocurre Lima puede recibir lluvias intensas que su infraestructura, diseñada para el desierto, no está preparada para manejar. Los episodios de El Niño de 1983, 1997-1998 y 2017 produjeron en Lima inundaciones, deslizamientos y daños materiales significativos en zonas que en condiciones normales no ven una gota de lluvia en años.
Para el viajero que planifica su visita El Niño es una variable impredecible que en años de ciclo fuerte puede alterar las condiciones climáticas de Lima y de toda la costa peruana de forma considerable.
Qué llevar según la época del año
Para visitar Lima en verano entre diciembre y abril basta con ropa ligera de verano, protector solar y gafas de sol. El sol limeño en esa época es intenso aunque el aire de la costa lo hace parecer más benigno de lo que es. El protector solar es imprescindible aunque el día parezca nublado porque la radiación UV atraviesa la napa de nubes finas más de lo que la mayoría de los visitantes anticipa.
Para visitar Lima en invierno entre junio y septiembre conviene llevar una chaqueta ligera o un polar para las noches y las mañanas, ropa de capas que permita adaptarse a los cambios de temperatura entre el interior de los edificios y la calle, y la disposición mental de no ver el sol durante varios días. El paraguas es útil para la garúa aunque muchos limeños lo consideran innecesario.

Lima gris no es Lima peor
La Lima invernal con su cielo de garúa tiene una atmósfera propia que la Lima de verano no tiene. Los museos, los mercados gastronómicos, el centro histórico, los restaurantes de cocina criolla y la vida cultural de la ciudad funcionan igual o mejor en invierno que en verano porque los viajeros tienen menos presión de aprovechar el sol y más disposición a entrar en los espacios interiores. La gastronomía de Lima, que es el atractivo más sostenible del viaje independientemente del clima, no depende del sol para ser lo que es.
Lo que pierde Lima en invierno en términos de malecón, playa y atardecer lo gana en una quietud del ambiente turístico que el verano no tiene. Quien va a Lima principalmente a comer, visitar museos y entender la historia de la ciudad puede ir en cualquier época del año sin perder lo esencial.