A media cuadra de la Plaza Mayor, en la esquina del Jirón Ancash con Jirón Lampa, hay un conjunto arquitectónico que desde afuera parece simplemente una iglesia colonial más. La fachada barroca color amarillo intenso con sus dos torres y sus portadas de piedra labrada es espectacular, pero lo que hace al Convento de San Francisco uno de los lugares más visitados de Lima no está en el exterior sino debajo de él. Las catacumbas son galerías subterráneas donde fueron enterradas más de 25.000 personas durante el período colonial, y verlas en persona es una experiencia que ninguna fotografía ni descripción prepara del todo.
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Historia del convento: de los franciscanos a Patrimonio de la Humanidad
La orden franciscana recibió este terreno de Francisco Pizarro en el acto de fundación de Lima el 18 de enero de 1535. La construcción del templo definitivo comenzó en 1546 con edificaciones modestas que el terremoto de 1655 destruyó casi completamente. El comisario de la orden Francisco de Borja encargó entonces al arquitecto portugués Constantino de Vasconcellos la reconstrucción siguiendo planos del arquitecto peruano Manuel de Escobar. La primera parte de la obra fue inaugurada el 3 de octubre de 1672 y el conjunto adoptó su forma aproximada actual en 1729.
En 1988 el conjunto monumental, que incluye las tres iglesias de San Francisco, La Soledad y El Milagro, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte del centro histórico de Lima. Esa designación lo convierte junto a la Catedral en el espacio religioso colonial más importante de la ciudad.

La fachada: el barroco limeño en su mejor expresión
La fachada principal del conjunto es uno de los ejemplos más logrados del barroco limeño, una variante regional del barroco europeo que se desarrolló en Lima durante el siglo XVII adaptando los materiales y el clima locales. El color amarillo de la fachada, la ornamentación de las portadas con motivos vegetales y geométricos en piedra labrada y las dos torres con sus chapiteles crean una imagen que es prácticamente el símbolo del centro histórico colonial de Lima.
El barroco limeño se distingue del barroco andino o churrigueresco que se encuentra en Arequipa o en algunas iglesias de Cusco por una mayor sobriedad en el detalle ornamental y por el uso del sillar blanco y el adobe recubierto como materiales principales en lugar de la piedra volcánica negra del sur del Perú.

El recorrido por el convento
El recorrido turístico por el interior del convento y las catacumbas tiene una duración de aproximadamente 45 minutos y se realiza obligatoriamente con guía en grupos que salen por orden de llegada. Los grupos son en español o en inglés dependiendo del guía disponible al momento del ingreso.
El recorrido empieza en la anteportería, un espacio de transición con zócalos de azulejos y un tríptico del Señor Crucificado. Desde allí se pasa a la portería, donde hay una escultura en madera de Jesús Crucificado y pinturas de la escuela limeña del siglo XVII junto a piezas de la escuela cusqueña. El contraste entre esos dos estilos, uno más influenciado por la pintura flamenca y otro con características andinas propias, es uno de los primeros detalles que el guía explica.
El vestíbulo de la Inmaculada tiene un techo de madera labrada y zócalos de azulejos sevillanos que son los originales del siglo XVII, traídos desde Sevilla para adornar el convento en la época de su construcción. Esos azulejos son uno de los elementos más valorados del interior por su calidad artesanal y su estado de conservación.
El claustro principal es un patio cuadrado rodeado de galerías con arcos de medio punto, once por lado, sostenidos por pilastras. La escala del claustro, con sus dos niveles de galerías, da la medida real del convento y del peso institucional que la orden franciscana tuvo en la Lima virreinal.
La biblioteca es uno de los espacios más importantes del recorrido. Alberga aproximadamente 25.000 volúmenes entre los que hay incunables, manuscritos coloniales y ediciones del siglo XVI incluyendo una Biblia de 1571 que es una de las piezas más antiguas de la colección. La biblioteca fue el centro franciscano más importante del Virreinato y su acervo es uno de los más valiosos de América del Sur en términos de libros religiosos y filosóficos coloniales.
La sala de profundis es el espacio donde los frailes franciscanos realizaban los rituales fúnebres antes del entierro. Su nombre en latín, que se refiere al salmo 130 que comienza con las palabras De profundis clamavi, y su atmósfera sobria y sin ornamentación preparan al visitante para lo que viene a continuación.

Las catacumbas
Las catacumbas están en el nivel subterráneo del convento y son el elemento que convierte este lugar en una visita diferente a cualquier otra del centro histórico de Lima. Fueron utilizadas como cementerio desde el siglo XVII hasta 1810, cuando las autoridades coloniales prohibieron los entierros en los templos por razones sanitarias. En ese tiempo aproximadamente 25.000 personas fueron enterradas en estas galerías: miembros de cofradías religiosas, frailes franciscanos, ciudadanos notables de la Lima colonial y personas que pagaban por el privilegio de ser enterradas en suelo consagrado debajo de un templo.
Cuando se abrió el Cementerio Presbítero Maestro en 1808 como el primer cementerio municipal de Lima, los entierros en los templos empezaron a decrecer y finalmente se prohibieron. Las catacumbas quedaron selladas y olvidadas durante más de un siglo hasta que fueron redescubiertas y abiertas al público.
Las galerías subterráneas tienen varios tramos que el guía recorre con el grupo. El elemento más impactante son los cinco pozos de aproximadamente diez metros de profundidad donde los huesos están ordenados de forma geométrica: cráneos apilados sobre fémures en disposiciones circulares que desde arriba crean patrones visuales que oscilan entre lo artístico y lo inquietante. No es una puesta en escena moderna sino la forma en que los huesos fueron reorganizados cuando el espacio disponible para nuevos enterramientos se fue reduciendo con el tiempo.
La temperatura en las catacumbas es notablemente más fresca que en el exterior, lo que en verano resulta un alivio pero en los meses de invierno limeño entre junio y septiembre puede hacer que el recorrido se sienta frío. Llevar una capa adicional es útil independientemente de la época del año.

Normas de visita
Dentro de las catacumbas no se permite fotografiar ni grabar en ningún formato. El guía lo recuerda al inicio del descenso y la norma se aplica con consistencia. La razón es tanto de respeto hacia los restos humanos que se están visitando como de conservación del espacio ante el impacto acumulado de los flashes. En el resto del convento la fotografía está permitida en la mayoría de los espacios.
El recorrido no es recomendable para personas con claustrofobia severa porque los corredores son estrechos y en algunos puntos la altura es reducida. Tampoco es adecuado para niños muy pequeños ni para coches de bebé porque las escaleras de acceso a las catacumbas son estrechas y con poca luz. El calzado debe ser cómodo porque el suelo de piedra irregular tiene cambios de nivel en varios puntos del recorrido.
Horarios y precios
El convento abre al público de lunes a sábado de 9 de la mañana a 6 de la tarde. Los domingos el acceso turístico es desde la 1 de la tarde hasta las 6. El último grupo del día entra con suficiente anticipación al cierre para completar el recorrido. En días festivos puede haber variaciones de horario.
La entrada para adultos cuesta 15 soles. Los estudiantes universitarios y técnicos pagan 8 soles con carné vigente. Los escolares y niños pagan 3 soles. El precio incluye el recorrido guiado. El pago se realiza en efectivo en la taquilla, aunque en algunos períodos se acepta tarjeta. Conviene llevar soles en efectivo para evitar contratiempos.
La leyenda del pasadizo
Una de las historias que circulan entre los guías y los visitantes desde hace generaciones es que una de las puertas de las catacumbas conduce a un corredor subterráneo que comunica con otras iglesias del centro histórico e incluso con el Palacio de Gobierno a varios cientos de metros de distancia. Es una leyenda urbana sin confirmación arqueológica pero que el guía suele mencionar con el tono apropiado para un espacio donde la historia y el misterio conviven sin necesitar que los separe nadie.
En Peru Sites coordinamos los días de Lima como parte de planes que conectan la llegada al aeropuerto con el vuelo a Cusco y la visita a Machu Picchu. El Convento de San Francisco y las catacumbas forman parte de la mañana más recomendable del centro histórico junto con la Plaza Mayor y la Catedral.