Hay lugares que son simplemente el centro de una ciudad y hay lugares que son el origen de todo lo que vino después. La Plaza Mayor de Lima es las dos cosas. Francisco Pizarro la trazó el 18 de enero de 1535 como el punto desde el que se organizaría la cuadrícula de la Ciudad de los Reyes, y ese trazo sigue siendo hoy el núcleo irradiador del centro histórico de Lima. Casi cinco siglos de historia peruana pasaron por este espacio: la llegada de los primeros virreyes, los autos de fe de la Inquisición, la proclamación de la independencia en 1821 y las celebraciones y protestas de la república hasta el presente. Todo empezó aquí y todo sigue convergiendo aquí.
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El trazado original y las ordenanzas de Carlos I
La fundación de Lima no fue un acto improvisado. El rey Carlos I de España había dictado en 1523 las Ordenanzas para la Fundación de Ciudades en el Nuevo Mundo, que establecían que toda nueva ciudad debía trazarse en forma de cuadrícula a partir de la plaza mayor central. Esa plaza debía ser el espacio alrededor del cual se organizarían todos los edificios del poder: la catedral, el palacio del gobernador, el cabildo y las casas de los principales vecinos.
Pizarro siguió esas ordenanzas al pie de la letra. La plaza que trazó en enero de 1535 tenía dimensiones generosas: según el cronista Bernabé Cobo, era la más amplia y mejor formada que había visto, incluyendo las de España. Ocupaba toda una cuadra con más de dos mil pies de perímetro y su trazado definió la orientación de todas las calles que salían de ella en las cuatro direcciones. Ese damero de Pizarro, como se conoce a la cuadrícula original de Lima, es todavía perfectamente legible en el centro histórico actual.

La pileta de bronce: el elemento más antiguo
En el centro de la plaza hay una pileta de bronce que es uno de los objetos más antiguos de Lima aún en uso. La primera fuente en ese punto fue mandada a construir por el virrey Francisco de Toledo en 1578. La estructura actual fue reelaborada en cobre por los artesanos Pedro de Noguera y Antonio de Rivas e inaugurada en 1651 con una figura alegórica a la fama en la cúspide. Ese monumento barroco ha mantenido casi la totalidad de su estructura original durante más de 370 años sobreviviendo a terremotos, inundaciones y los cambios de régimen político que transformaron todo lo que lo rodeaba.
La pileta es el punto de referencia visual más inmediato cuando se entra a la plaza y el que mejor da la escala del espacio. En torno a ella hay jardines con palmeras, bancas de mármol y farolas que reproducen el diseño neocolonial que se impuso al espacio en el concurso público de 1939, ganado por los arquitectos Emilio Harth-terré y José Álvarez Calderón.

Los cuatro edificios que definen la plaza
La Plaza Mayor tiene cuatro frentes y cada uno de ellos corresponde a un edificio histórico con su propio peso institucional y arquitectónico.
El lado norte lo ocupa en su totalidad el Palacio de Gobierno, también conocido como la Casa de Pizarro, que es la residencia oficial del Presidente de la República y la sede del Poder Ejecutivo. La fachada amarilla del palacio actual, inaugurado en 1938, tiene una escala que domina visualmente la plaza desde cualquier punto. Todos los días al mediodía el cambio de guardia se realiza en el Patio de Honor del palacio con banda militar y uniformes de gala que atrae a locales y turistas en igual medida.
El lado este lo ocupa la Catedral de Lima, cuya construcción empezó también en 1535 y que tras siglos de modificaciones y reconstrucciones post-sísmicas es hoy la basílica primada del Perú. Su fachada renacentista con torres neoclásicas y las tres portadas de acceso en la parte baja son los elementos más reconocibles. Junto a ella está la Iglesia del Sagrario, construida como parte del mismo complejo catedralicio.
El lado sur lo ocupan el Palacio Municipal, sede del gobierno de la ciudad de Lima, y el Club de la Unión, el club social más antiguo de Lima fundado en el siglo XIX. El Palacio Municipal tiene una arquitectura neocolonial con balcones de madera tallada especialmente elaborados que son una de las expresiones más logradas de la recuperación de la tradición arquitectónica limeña en el siglo XX.
El lado oeste lo ocupa el Palacio Arzobispal, sede del Arzobispado de Lima. Su fachada neocolonial construida en el siglo XX tiene los balcones de celosía más fotografiados de toda Lima: cuatro niveles de balcones superpuestos con carpintería de madera tallada en un estilo que resume la tradición morisca medieval adaptada al clima y los materiales de la costa peruana. Esos balcones en la arquitectura limeña tienen un nombre específico, balcones de cajón, y el del Palacio Arzobispal es el más elaborado y mejor conservado de la ciudad.

La historia que pasó por este espacio
La Plaza Mayor de Lima fue durante el Virreinato mucho más que un espacio representativo. Fue el mercado principal de la ciudad hasta que se construyeron mercados específicos en otras partes del centro. Fue el escenario de las corridas de toros que se celebraban en las festividades virreinales. Fue el lugar donde la Inquisición realizó los autos de fe, los actos públicos en que los condenados por el tribunal abjuraban de sus pecados, y donde se ejecutaron algunas de las sentencias más graves del período colonial. Y fue el espacio donde el general José de San Martín proclamó la independencia del Perú el 28 de julio de 1821, el momento que marcó el paso de la Ciudad de los Reyes virreinal a la Lima republicana.
Esa densidad histórica hace que la plaza no sea solo un espacio bonito para fotografiar sino un lugar con una carga de significado que muy pocos espacios urbanos de América tienen. Los cuatro edificios que la rodean son simultáneamente objetos arquitectónicos notables y documentos de cinco siglos de poder político, religioso y civil en el Perú.
El Pasaje Santa Rosa y los jirones adyacentes
Desde la plaza salen cuatro jirones que organizan la cuadrícula del centro histórico: el Jirón Junín, el Jirón de la Unión, el Jirón Carabaya y el Jirón Huallaga. El Jirón de la Unión es el más importante para el turismo porque es la arteria peatonal que conecta la plaza con la Plaza San Martín en un recorrido de seis cuadras con tiendas, edificios coloniales y la Iglesia de La Merced.
El Pasaje Santa Rosa, accesible desde el lado de la Catedral, es un callejón interior con restaurantes y cafés en ambiente colonial que es una de las opciones más agradables para comer cerca de la plaza sin el ruido de las calles principales.
La Casa del Oidor, uno de los edificios más antiguos que rodean la plaza, tiene también una galería de balcones coloniales de madera que complementa la arquitectura del conjunto. Aunque no siempre está abierta al público en su interior, su fachada es parte del recorrido visual obligatorio de la plaza.

La noche: la plaza iluminada
De noche la Plaza Mayor se transforma. La iluminación artificial enfatiza los volúmenes de los edificios y la pileta central con un sistema de luces que convierte el conjunto en un espacio completamente diferente al del mediodía. La Catedral con sus torres iluminadas, el Palacio de Gobierno y el Palacio Arzobispal con sus fachadas en luz cálida crean un ambiente nocturno que tiene muy pocos equivalentes en las plazas históricas de América del Sur.
La plaza de noche es accesible y gratuita como en cualquier otro horario. El acceso es libre las 24 horas porque es un espacio público sin vallado ni control de entrada. Lo que cambia es la luz y la atmósfera: donde de día hay grupos de turistas y vendedores ambulantes, de noche hay parejas, paseantes y los guardias que custodian los accesos a los edificios.

Consejos prácticos para la visita
La plaza en sí misma no tiene costo de entrada porque es un espacio público. El acceso a los edificios que la rodean sí tiene costos y horarios específicos: la Catedral con el Museo de Arte Religioso abre de lunes a sábado de 9 a 5 y los domingos desde la 1, con entrada de 30 soles para turistas extranjeros adultos. El Palacio de Gobierno tiene visitas guiadas gratuitas los sábados y domingos con reserva previa por teléfono. El Palacio Arzobispal tiene acceso parcial. El Palacio Municipal tiene acceso a la galería de balcones en horario de oficina.
La mañana entre las 9 y las 11 es el mejor momento para visitar la plaza. La luz es buena para fotografías, el ambiente está animado sin estar masificado y hay tiempo suficiente para hacer el recorrido de la plaza antes del cambio de guardia del mediodía. Las tardes son más ruidosas y concurridas, especialmente los fines de semana.
Las calles secundarias alrededor de la plaza requieren atención en cuanto a las pertenencias, especialmente en las horas de mayor tráfico de personas. La plaza en sí es un área muy vigilada y segura para los turistas.
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